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(ca) Italy, UCADI, #206 - CAOS DESPUÉS DE LA POSMODERNIDAD (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Wed, 13 May 2026 08:05:30 +0300
Antes de asfixiarse (o respirar) en la prisión (o el paraíso) de un
imperio global poscapitalista o una sociedad de mercado global
poscapitalista, la humanidad podría arder en los horrores (o glorias) de
la creciente violencia que acompañó la liquidación del orden mundial de
la Guerra Fría. En este caso también, la historia del capitalismo
llegaría a su fin, pero esta vez mediante un retorno estable al caos
sistémico del que se originó hace seiscientos años y que se ha
reproducido a una escala cada vez mayor con cada transición. Si esto
significará el fin de la historia del capitalismo o el fin de la
historia de la humanidad entera es una incógnita.
(G. Arrighi, "El largo siglo XX", 1996-2014, pág. 392)
"Todo el mundo sabe todo sobre el principio, pero nadie puede hablar del
final".
(F. de Gregori. "Desastre aéreo sobre el estrecho de Sicilia", 1976)
SOLO UNA COSA PODEMOS DECIR
Podría pensarse que conocer la historia es inútil e irrelevante para
hacer predicciones sobre el futuro basándonos en el presente.
Especialmente si hemos entendido la historia como un camino rectilíneo,
homogéneo, teleológico y casi teológico. Sin embargo, dado que los
humanos llevamos un tiempo extremadamente corto en este planeta, no
podemos evitar analizar el presente partiendo de lo que ya sabemos, que
a menudo parece repetirse periódicamente, o presentando contenido nuevo
en formatos antiguos (o viceversa).
Esto se debe también a que no hay otra opción que tantear a tientas en
completa oscuridad, en un abismo de razón difícil incluso de comprender.
Sin embargo, aun admitiendo que la historia no es un camino
completamente legible y sensato, sino la reconstrucción de un viaje
accidentado en el que intentamos captar al menos algún hilo conductor
que unifique y haga un esbozo, una sinopsis comprensible, resulta
verdaderamente complicado navegar por la contemporaneidad utilizando
únicamente las herramientas habituales.
LOS VIMOS VENIR
El nacimiento del fascismo viene a la mente, por ejemplo, un nacimiento
que muy pocos supieron comprender en toda su abrumadora novedad. Y donde
los análisis simplistas no lograron captar un movimiento magmático
(magmático para los propios fundadores) que, en última instancia, allanó
el camino para la absoluta novedad de un proyecto totalitario sin
precedentes.
No los análisis puramente económicos, ni los liberales, ni los
patrióticos o para-Risorgimento (todos ellos fueron absorbidos por la
vía antiideológica del fascismo, posteriormente plasmada en una figura
casi mitológica: el hircocervo).
Y, sin embargo, no podemos evitar trabajar con el material que tenemos,
evitando tonos oraculares pero sin quedarnos paralizados ante el mundo
que se nos presenta.
Hoy nos enfrentamos a algo sin precedentes, cuyas raíces, sin embargo,
deben buscarse en los últimos treinta años.
Seamos claros: todo podría haber sido diferente, pero lo que no sucedió
podría ser de interés para análisis contrafactuales y juegos de salón, o
en algún universo paralelo según la teoría de cuerdas.
Pero en el contexto en que nos encontramos, así fue como sucedió, y solo
podemos analizarlo de esa manera.
El camino que condujo al fin del universo del llamado "socialismo real"
no fue en absoluto un triunfo de alguna ola libertaria. Fue, en cambio,
la aplastante y vengativa victoria del capitalismo más violento. Se echó
sal sobre las cenizas del socialismo, logrado o posible, y ni siquiera
se concedieron los honores de la guerra. De André lo entendió bien desde
el principio, tanto que en 1990, en su obra maestra "Domingo de
Muertos", dijo: " La pirámide de Keops quería ser reconstruida en ese
día festivo, piedra a piedra, esclavo a esclavo, comunista a comunista".
Esa batalla fue librada, cabe recordar, no (o no solo) por la derecha
fascista y postfascista, sino, sobre todo, por el sector liberal de la
sociedad y sus principales mercenarios.
EL DIOS DEL MERCADO
Ahora bien, no quiero aburrir al lector con cosas que se han escrito mil
veces, pero es esencial recordar que la mecha que nos condujo a la
situación actual se encendió en aquellos años. Lo que resurgió de las
profundidades de las cloacas en las que había sido arrojado no fue solo
la horda fascista, sino también (y diría que fundamentalmente) una
teoría económica que se había dado por muerta y enterrada: el
ordoliberalismo.
Ciertamente no puedo entrar aquí en las directrices de esta verdadera
distopía capitalista[2], pero conviene recordar que, a diferencia del
liberalismo, esta ideología totalitaria no aborda la economía según los
dictados del ahora obsoleto "libre mercado", sino que va a integrar a
toda la sociedad. No "menos Estado", sino más bien "más Estado" y puesto
al servicio del capital (el capitalismo no es un estado de naturaleza y,
por lo tanto, su ideología debe ser construida). La competencia puesta
al servicio de todo el conocimiento humano (desde la sanidad, hasta las
escuelas, las universidades, el mundo laboral). Esta es la ideología
dominante sobre la que se construyó la UE.
El Imperio estadounidense ya la había experimentado con el golpe de
Estado en Chile, liderado por los Chicago Boys. En ese caso, a
diferencia de la UE, como suele ocurrir en la historia del capitalismo,
el neoliberalismo desenfrenado estuvo acompañado de una represión
sangrienta y brutal. El capital nunca desdeña el uso de la fuerza cuando
la persuasión moral fracasa. Por eso el Estado es fundamental,
contrariamente a lo que creen los teóricos económicos aficionados.
Que el capital carece de la «razón» para impulsar su propia
«racionalidad» (en el sentido teológico del término) debería ser
evidente para todos a estas alturas, incluso si su hegemonía parece
haberse ganado el apoyo de la población.
Después de 1989, un capitalismo triunfante se convierte también en el
amo del mundo y se erige como un dios benevolente, pero también castigador.
YO SOY LA LEY
En este sentido, la masacre de la primera y la segunda Guerra del Golfo
contra un país del Tercer Mundo no se presenta hoy como un ejemplo de
reafirmación del "derecho internacional", sino como la creación ex
nihilo del derecho imperial.
Una señal que pasó desapercibida, salvo para unos pocos (Danilo Zolo,
por ejemplo). Pero cuando, tras la euforia del derribo del muro (que
recayó enteramente sobre las clases bajas) y la espuma de los liberales,
siempre acompañados por los fascistas, aparecieron en el escenario
mundial nuevos actores, y el Imperio comenzó a tambalearse. China, con
un desempeño extraordinario (para usar la jerga neoclásica), se
convirtió en pocos años en el principal actor de la escena económica
mundial; Rusia, tras las humillaciones del paria global sufridas bajo
Yeltsin, resurgió como un Estado autoritario, pero uno que ya no pedía
"permiso", por no mencionar a los otros gigantescos países que hoy
conforman esa extraña y compleja entidad conocida como BRICS.
EL CAOS SOY YO
Esta nueva dislocación del mundo ha provocado una reacción adversa sin
precedentes en Occidente. Y si el primer Trump apareció como un demagogo
que combatía a las élites globalistas, tras la insensata elección del
poco lúcido Biden (responsable de la escalada militar en el conflicto
ucraniano), el segundo se presenta en escena como el epítome de un
imperio en decadencia, una especie de República Social mil veces más
virulenta. Tras desechar toda idea de "poder blando", ha demolido, con
un lenguaje propio de un gánster, todo vestigio de "derecho
internacional", incluso el derecho imperial de sus predecesores,
lanzándose de cabeza a la creación de un caos que, al examinarlo con
detenimiento, da la impresión de un nihilismo absoluto y devastador.
Aunque, obviamente, la historia, por importantes que sean las
personalidades individuales, ciertamente no avanza siguiendo los pasos
de un solo hombre. Intereses militares enormes, la necesidad de allanar
el camino para el conflicto final con China, la conquista de recursos...
este nuevo hircocervo lo contiene todo, pero es tan enrevesado que
resulta difícil comprender su significado. Esto se debe también a que
vivimos en un periodo en el que un genocidio perpetrado en directo y a
través de todas las redes no solo ha quedado impune, sino que ha
recibido el apoyo de todo (o casi todo) el mundo occidental. Nos
encontramos, parafraseando al filósofo, en una «transvaloración de todos
los valores», incluso de aquellos que durante ochenta años se nos han
presentado como «nunca más».
Pero sabemos que los liberales, las clases dominantes, cuando se ven
obligados a elegir, siempre considerarán a Hitler el mal menor.
SERVIDUMBRE VOLUNTARIA
He guardado silencio sobre Europa, o mejor dicho, sobre la UE. Porque no
hay nada que decir al respecto. La insignificancia política de esta
entidad con forma de euro ahora parece evidente. Y si quisiéramos decir
algo, es que nunca antes, ni siquiera en los años más duros de la Guerra
Fría, habíamos visto tal sumisión, más allá de la decencia, a un amo que
ahora nos desprecia abiertamente, y cuanto más servilmente actuamos, más
(con razón) le repugnamos.
Un grupo compuesto por la escoria más baja jamás alcanzada por una clase
dirigente inepta, ignorante, arrogante y cobarde que nos arrastrará al
abismo.
Andrea Bellucci
[2]La bibliografía sobre el tema es ahora muy extensa. Un texto
fundamental sigue siendo el de Pierre Dardot y Christian Laval, La nueva
razón del mundo. Crítica de la racionalidad neoliberal , Derive Approdi,
2013.
https://www.ucadi.org/2026/03/28/caos-dopo-la-postmodernita/
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